Pedro Gómez Valderrama, cien años

Artículo publicado originalmente en la columna del autor en Diario Criterio, 
reproducido bajo autorización


Hace cien años, el 13 de febrero de 1923, nació en Bucaramanga Pedro Gómez Valderrama. Fue un ministro, embajador, senador y consejero de Estado durante los años del Frente Nacional. Pero es en las letras colombianas donde su figuración me parece extraordinaria. Por ello, su efeméride es digna de celebrar.

 

Autor de una sola novela, La otra raya del tigre  –que cuenta los avatares del alemán Geo Von Lengerke durante la segunda mitad del siglo XIX, período en que el liberalismo radical se impuso en la provincia de Santander–, es en el terreno del cuento donde la obra de este escritor asume rasgos novedosos. 

 

En la revista  Mito , y en compañía de Jorge Gaitán Durán, Hernando Téllez y Hernando Valencia Goelkel, Pedro Gómez Valderrama contribuyó a modernizar la literatura colombiana. Para entonces, los años 50 del siglo XX, el país andaba enfangado en la defensa de una hispanidad conservadora y en un costumbrismo realista que no lograba nombrar los grandes conflictos que signaban la atropellada historia nacional. En este contexto, Gómez Valderrama publicó sus primeros cuentos y ensayos.

 

Muestras del diablo sigue siendo un libro único en el panorama de nuestra ensayística. En medio de una Colombia dominada por el clero, la violencia bipartidista y la dictadura de Rojas Pinilla, estos ensayos sobre brujas, hechiceros y la búsqueda de la libertad, oxigenaron las mentes de quienes se atrevieron a leerlos. Desde entonces a su autor se le empezó a considerar un perito en asuntos de aquelarres, pesquisas eróticas e indagaciones utópicas. Y es que hay una tesis fundamental en  Muestras del diablo : en tiempos de persecución y represión religiosa, que son de índole sexual e imaginativa, el demonio de la libertad anda suelto. 

 

Lo suyo, en el ámbito de la política, fue ser un liberal progresista, democrático y culto. En lo literario, en cambio, fue un libertario prodigioso. Hasta tal punto que no sobra preguntarse cómo puede convivir, y sin entrar en profundas crisis, el político y el escritor. En todo caso, así haya sido uno de los estadistas más notables de la historia colombiana del siglo XX, es en sus cuentos donde su presencia es tan fascinante como subyugante.

 

 

Reunidos en siete libros ( El retablo de maese Pedro La procesión de los ardientes Invenciones y artificios Los infiernos del jerarca Brown La nave de los locos  Las alas de los muertos ), ellos son la mejor prueba de ese cambio significativo que Manifiesta el cuento colombiano. Pedro Gómez no fue el único responsable de esta transformación. A su lado están los cuentos de  Todos estábamos a la espera  de Álvaro Cepeda Samudio y  Los funerales de la Mamá Grande  de Gabriel García Márquez.

 

Pero si en Cepeda la propuesta es experimentar con las estructuras narrativas y el jazz, y en García Márquez la renovación va de la mano de universalizar lo local a través de una mezcla de realismo mágico, cultura popular y periodismo, lo de Gómez Valderrama se vincula con una oxigenante apertura hacia lo cosmopolita. En sus cuentos las temáticas se diversifican con soberbia, sin caer jamás en la arrogancia intelectual o en la pesada erudición. Y esta diversificación, vale la pena señalarlo, se expresa desde sus tramas históricas, la presencia de lo intertextual y el erotismo y sus puentes con el universo de la pintura y la música.

 

Se ha formulado, en varias ocasiones, que una de las influencias más ostensibles en Pedro Gómez Valderrama fue Jorge Luis Borges. Es verdad que ambos escritores se asoman al pasado para reinventarlo. Y allí lo fantástico y lo imaginario ocuparon un puesto preponderante. En este sentido, Borges y Gómez Valderrama parten de los presupuestos de Marcel Schwob para quien lo que interesa, en ese abrazo de historia y literatura, es entrar en los resquicios olvidados del ayer, donde el discurso oficial ha pasado de largo, para rescatar lo esencial de la humanidad.

 

 

Entre los excelentes cuentos de Gómez Valderrama, que siempre releo con y admiración, están los que se ocupan de las utopías. Allí se ubican “El maestro soledad” donde se abordan las ansias sexuales de un Robinson Crusoe que intenta modelar su isla soñada y debe enfrentar las barreras infranqueables de un deseo jamás consumado. O “Los papeles de la Academia Utópica” donde se detallan, en una condensación formidable, el origen entusiasta y el destino sombrío de las utopías más elaboradas. Porque con Gómez Valderrama comprendemos que lo mejor que puede ocurrir con las utopías, esos lugares que no existen, es leerlas en los libros y no pretender que ellas se consoliden en la realidad porque no tardan en transformarse en pesadillas.

 

 

Y está ese cuento inolvidable llamado “¡Tierra…!” . En esta representación del descubrimiento de América (el cuento narra el momento en que la expedición de Cristóbal Colón divisa la primera isla de lo que sería el Nuevo Mundo) como una suerte de fantasía sexual delirante, se resume la maestría de Pedro Gómez, ese brujo mayor de nuestra literatura, el transgresor inquietante del amor que supo esconderse tras las arduas faenas de la política. Allí están, reunidas en un equilibrio acertado, la precisión de una escritura breve y sugerente, el hábil manejo de las fuentes históricas y el erotismo como manantial donde la humanidad, cohibida siempre por el poder enmarañado, ansía la más peligrosa y suprema libertad.

Escritor, profesor de literatura de la Universidad de Antioquia. Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (2015) y Premio de Narrativa José María Arguedas (2017). Por el conjunto de su obra, recibió en 2016 el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso. Hace parte de la comisión de encargados para la preparación de la edición crítica de la narrativa completa de Pedro Gómez Valderrama dentro de la colección Archivos de la Unesco

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