diálogo, conciliación y concertación, para construir una comunidad empoderada de sus derechos

El informe de Naciones Unidas sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo [1] , demuestra cómo el ser humano se aleja del objetivo de acabar con el hambre y la inseguridad alimentaria. En Colombia, antes de la pandemia, la situación apareció en aumento, y se agudizó con la llegada del covid-19. Según expertos, el 30 % de la población colombiana se encuentra en una situación de inseguridad alimentaria moderada o severa. De ese porcentaje, 2,1 millones están en situación grave y 13,4 millones en moderada. Entre los factores que han incidido en la agudización de esta situación, están la violencia, el desempleo, la informalidad, la pobreza, el conflicto y el desplazamiento.

 

Lo que viene pasando en la Guajira, con la comunidad wayú, es una muestra de lo que ha significado el estado de abandono en que se les ha mantenido durante años. Unos gobiernos insensibles, que no han sido capaces de responder ante la grave situación en la que viven las poblaciones indígenas, se aúnan a las decisiones sistémicas de la humanidad sobre la consideración alimentaria como una política de apoyo, ya no como una responsabilidad. Basta con observar pasivamente el impacto de la pandemia sobre estas comunidades, para palpar las peores condiciones de vida que puede sufrir un ser humano.

 

Los pueblos indígenas, además de los afros, los campesinos y millas de familias desplazadas por la violencia hacia territorios marginales en las ciudades, necesitan de un Estado comprometido por hacer valer sus derechos a existir, a que se les escuche y se les valore como personas que se siente en la piel la desesperanza, y el abandono de una sociedad que no ha querido entender lo que ha significado la tragedia de una guerra permanente en sus territorios. El alejamiento de asuntos como la dieta saludable, la seguridad alimentaria y la igualdad social, que son los asuntos que se agudizan en la perspectiva mundial, atentan en contra de aquello que pierden las poblaciones más afectadas –menores de cinco años, poblaciones étnicas, adultos mayores y familias en situación laboral informal–, la resiliencia.

 

Hoy, los wayú, como otras poblaciones indígenas y raizales, a las que se les escucha como nunca antes, se los reconoce y se les valora como seres humanos. Abrir esa puerta al diálogo, a la conciliación y concertación, es el camino para construir una comunidad empoderada de sus derechos. Puede que renazca la esperanza con la llegada de un gobierno que no solamente reconoce la difícil situación social y económica de millones de colombianos, sino que tiene claro el camino para hacer posible romper la brecha de la desigualdad y generar oportunidades con una nueva visión del país . La posibilidad coyuntural de avanzar en un proceso de concertación y diálogo hacia la construcción de una sociedad donde se respete la vida, se construya la paz y se generen oportunidades para todos,

 

Al convocar a las comunidades de las diferentes regiones a participar y aportar a la construcción del Plan Nacional de Desarrollo, la carta de navegación del gobierno en sus cuatro años de gestión, se observa el desarrollo bajo condiciones concretas. El plan se construyó a partir de los Diálogos Regionales Vinculantes, con una amplia participación ciudadana. seguridad humana y justicia social; Cuarenta y ocho diálogos en 573 municipios con más de 80 000 asistentes. Según el director de Planeación Nacional, estos diálogos son los insumos fundamentales para la construcción de políticas públicas, así como los proyectos que responden a las necesidades de los territorios.El documento consta de cinco ejes transformacionales: ordenamiento del territorio alrededor del agua y justicia ambiental; derecho humano a la alimentación; internacionalización,

 

Este ejercicio de participación ciudadana permitió opinar a las comunidades sobre proyectos estratégicos, sobre alternativas productivas que permitirán mejorar sus condiciones de vida. Contrario a lo que pueda pensarse, abogar por las condiciones de vida no es perder el patriotismo ni desligarse de la identidad nacional, en su sentido es otorgar y acopiar las distintas formas de nación que conlleva la palabra Colombia. Diálogos que recogen los saberes y el sentir de miles de personas, y que permitieron identificar necesidades y priorizar acciones enfocadas para solucionar los más graves problemas. Un Plan Nacional de Desarrollo que los incluyen y les otorgue posibilidades de avanzar hacia un mañana distinto.

 

Hay un camino donde la planificación entra a ser una herramienta fundamental, como guía de trabajo para la inversión pública. El Plan Nacional de Desarrollo 2023-2026, fue entregado por el gobierno al Congreso, para su debate y aprobación. La ciudadanía espera que el contenido y la sustancia del plan, que recoja el sentir de un país, y en la actualidad reconozca sus diversidades y con ello se escuche a sí mismo, pueda tener una primera oportunidad para edificar un cambio que camine contrario a la sombra de un pasado de violencia, hambre y pobreza.

 

 

[1] FAO, FIDA, OMS, PMA y UNICEF (2022). El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2022. Adaptación de las políticas alimentarias y agrícolas para hacer las dietas saludables más asequibles . Roma, FAO. https://doi.org/10.4060/cc0639es

    Leave Your Comment

    Forgot Password

    Header Ad